Manuel Sacristán: dialéctica y totalización
En este sexto y último encuentro, vamos a abordar las posiciones de Manuel Sacristán, tomando en cuenta especialmente algunas cuestiones que plantea en su prólogo al Anti-Dühring (1964) y su conferencia "El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia" (1978).
Cabe destacar que (desde el punto de vista de los debates que venimos tomando en este taller) Sacristán constituye un caso medio raro en el marxismo del siglo XX, porque además de tener una sólida formación marxista clásica, tiene un conocimiento profundo de la lógica formal –incluso escribió un manual que se llama Introducción a la lógica y al análisis formal (1964)– y maneja muchas discusiones vinculadas con la filosofía de la lógica y la epistemología (entendida como filosofía de la ciencia). Y esto influye en su manera de pensar los problemas del marxismo, particularmente en lo que tiene que ver con una aspiración de la lógica formal: la del lenguaje bien hecho. Sacristán va a tomar de la lógica simbólica (y del Círculo de Viena) esta idea de que el lenguaje científico tiene que ser lo más preciso posible y no meter por la ventana cuestiones metafísicas. Pero, al mismo tiempo, va a poner en discusión la idea de que el marxismo se pueda pensar exclusivamente como una ciencia en el sentido tradicional, dejando de lado las problemáticas relacionadas con la práctica política y las concepciones filosóficas.
La relación entre la dialéctica y la "ciencia positiva"
En su prólogo de 1964 a la edición española del Anti-Dühring (en adelante, AD), Sacristán distingue entre la dialéctica como "concepción del mundo" que busca una totalización que excede los métodos "analítico-reductivos" con que trabaja la ciencia positiva y esta última que –precisamente por el tipo de trabajo que realiza– puede aportar los elementos para componer una "totalidad concreta" pero no la reconstruye dentro de su ámbito de análisis. Volveremos más adelante sobre esto.
Leyes que no son leyes
Acá quiero meter yo una discusión que Sacristán no la plantea de la misma manera, posiblemente para no herir susceptibilidades (en ese momento era militante del PCE y el PUSC). La discusión es sobre la definición de la dialéctica como "la ciencia de las leyes generales de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento", que plantea Engels en el AD. Cuando Sacristán distingue la dialéctica de la ciencia, objetivamente cuestiona esta definición de Engels. Es decir, desde el punto de vista de Sacristán es más adecuado pensar la dialéctica en términos de una concepción filosófica que de una ciencia. Si tomamos en cuenta las problemáticas vinculadas a la cuestión metodológica que venimos trabajando, parece un planteo sensato. En segundo lugar, aunque Sacristán no profundiza en el tema, sino que dice que Engels hace algunos planteos en los que sostiene forzadamente que ciertos fenómenos serían expresión de tal o cual ley de la dialéctica (por ejemplo, el agua que hierve lo sería del salto cualitativo), podemos profundizar y señalar que las "leyes" de la dialéctica no son leyes. Vayamos a esta cuestión.
Primero digamos a qué "leyes" nos referimos. Se trata de la “unidad de los contrarios” (también llamada “interpenetración de los contrarios”), la transformación de la cantidad en calidad o “salto cualitativo” (prefiero este nombre, porque, estrictamente hablando la expresión "transformación de la cantidad en calidad" es confusa) y la “negación de la negación”. Con la primera “ley” se hace referencia a la interdependencia de entidades en apariencia opuestas. Con la segunda, se busca explicar aquellas situaciones en las cuales las modificaciones de grado dan lugar a modificaciones de calidad, es decir, a la emergencia de una nueva propiedad o nuevas propiedades. Con la tercera, se busca graficar el proceso por el cual una contradicción u oposición entre dos términos viene a ser resuelta (superada) por un tercer término, que contiene parte de los anteriores.
Mi posición es que, como se plantean de un alcance inabarcable, esas "leyes" no pueden considerarse como leyes científicas y sería más prudente considerarlas como figuras abstractas que pueden coincidir con la forma que asumen ciertos procesos, pero nunca como leyes del movimiento universal definidas a priori. Volvemos a la misma cuestión que discutimos cuando charlamos sobre el problema del método. En ningún momento estamos diciendo que la dialéctica tiene que ofrecer "leyes" iguales que las que pretende formular la ciencia tradicional. Precisamente, digo lo contrario, que pretender que las "leyes" de la dialéctica son leyes científicas, es caer en una mezcla de hegelianismo y cientificismo, porque encima serían como "leyes generales de todo", en lugar de regularidades que pueden formularse a partir del análisis de procesos específicos. La distinción, que propone Sacristán, entre dialéctica y "ciencia positiva", permite establecer límites para ambas disciplinas. Ni la dialéctica puede dictar leyes de lo humano y lo divino, ni la ciencia puede pretender que todos los problemas del pensamiento teórico se reduzcan a los límites impuestos por la especificidad del trabajo científico. Desde esta óptica, ni la dialéctica es una ciencia, ni sus "leyes" son leyes científicas.
Veremos a continuación cómo profundiza Sacristán respecto de la relación entre ciencias y dialéctica en torno al pensamiento de Marx.
Marx y la "ciencia histórico-social sui generis"
La conferencia de Sacristán "El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia" (1978), retoma los temas del prólogo al AD, pero profundiza en varias cuestiones importantes.
Digamos de paso que la mayoría de los temas coinciden con los que aborda Jindrich Zeleny e incluso podría podría pensarse esta conferencia de Sacristán como una respuesta al libro del marxista checo –a quien menciona tanto en la exposición como en el diálogo posterior con el público– aunque Sacristán no la hubiera presentado en esos términos.
Sacristán afirma que –para caracterizar el modo de hacer ciencia por Marx– hay que considerar que en su concepción de ciencia confluyen tres tradiciones diferentes: 1) la science de raíz anglosajona, definida por razones didácticas como “ciencia normal” (parafraseando de manera peculiar la expresión de Kuhn), es decir, la “ciencia positiva” según la expresión de su prólogo al AD; 2) la crítica, de filiación joven-hegeliana, que era fundamentalmente crítica de la ideología y las concepciones filosóficas volcadas en textos escritos y 3) la “ciencia alemana”, propia de la filosofía de Hegel, que intentaba reconstruir teóricamente la totalidad y es una concepción de ciencia como sistema filosófico.
El resultado de esta confluencia había sido una excepcional “ciencia histórico-social sui generis”, que había empalmado a su vez con el movimiento social y político del proletariado. Cuestión fundamental a tener en cuenta: para Sacristán vos no podés elegir alguna de estas tradiciones y descartar las otras, viene todo junto, en el particular modo de elaborar teóricamente que empleó Marx. Sin embargo, sin dejar de plantear que las tres concepciones se entrelazan en un peculiar tipo de trabajo científico, Sacristán destacaba que fue la relectura de la Ciencia de la lógica de Hegel en 1858 (cuestión que comentamos en el primer encuentro también) lo que terminó de influir a Marx para decidirse a hacer ciencia positiva y no solo crítica de la economía política. Acá aparece una paradoja bien propia de la dialéctica: el elemento más "anticientìfico" de su formación es el que empujó a Marx a hacer ciencia.
La cuestión del método
Sacristán va a plantear que Marx abordó especialmente la cuestión del método en dos textos que comentamos en el primer encuentro de este taller: la Introducción de 1857 de los Grundrisse y el posfacio de la segunda edición alemana de El capital (1872/73). Para Sacristán, el problema principal con el enfoque de Marx es que, en pos del ideal de la "ciencia alemana", su trabajo teórico se autogeneraba obstáculos para lograr ciertas características esenciales de la "ciencia normal", particularmente la de tener un método capaz de ser aprendido y utilizado por cualquiera que más o menos maneje la materia. Mientras Hegel despreciaba este tipo de método como un "truco aprendible", para Sacristán los "trucos aprendibles" son los que caracterizan el método científico, caso contrario, nos encontramos ante una filosofía de "titanes idealistas". Además de esto, la afinidad de Marx con la dialéctica a veces lo llevaba a cometer ciertos razonamientos defectuosos, como decir que la transformación del propietario de dinero en propietario de capital confirmaba la ley hegeliana de salto cualitativo y otros similares. También señala que hay cierto panlogismo en la idea de una "abstracción histórico-social" propia de las relaciones capitalistas. En este marco, para Sacristán, lo que ganaba Marx en términos de "ciencia alemana" con la aspiración dialéctica a la totalidad y la consumación de la exposición en términos de un todo artístico, no sumaba nada a la claridad de su trabajo en términos de "ciencia normal". Desde aquí, Sacristán consideraba que la dialéctica, aunque inseparable del pensamiento de Marx, era redundante en términos científicos porque no aportaba contenidos de "ciencia positiva".
Acá es importante tener en cuenta que, no obstante la mirada crítica sobre las que para Sacristán eran consecuencias negativas de la dialéctica, el balance general de la influencia de Hegel y del uso de la dialéctica por Marx, era positivo. La dialéctica había permitido a Marx tanto hacer ciencia (aunque ella misma no es ciencia), por su aspiración a reconstruir el movimiento concreto de la realidad. También le había permitido desarrollar un pensamiento global, que integraba la actividad científica con la filosófica y la política.
Algunas cuestiones para pensar y debatir sobre la posición de Sacristán
La afirmación sobre que el énfasis en exponer en una forma dialéctica no necesariamente aporta contenido, me parece muy atendible. Sin embargo, parecería que Sacristán le baja mucho el precio a la operatividad de la dialéctica. Serviría como impulso para la investigación, como afán de totalidad y como procedimiento de totalización (aunque puede llevar a problemas de redundancia) pero no para construir conceptos científicos. Acá se puede debatir esto. Por ejemplo, podríamos acordar con Sacristán en que la expresión "abstracción histórico-social" puede resultar impropia desde el punto de vista del lenguaje preciso. Sin embargo, tendríamos que señalar, acto seguido, que el trabajo abstracto no es el concepto abstracto o general de trabajo sino el concepto del trabajo productor de valor, que no existe como tal si no en una sociedad basada en la producción de mercancías para el intercambio en el mercado. Se puede usar otra expresión distinta de "abstracción histórico-social" como "generalización de la producción para el mercado" o "generalización de la forma mercantil", pero lo que quiero decir es que la "abstracción" propia del trabajo abstracto, es antes que nada algo que hace el capitalismo equiparando trabajos diferentes a través del intercambio de mercancías, por eso el trabajo abstracto no es el trabajo considerado sin sus peculiaridades por un acto de nuestra mente, sino el trabajo productor de valor, inserto en determinadas relaciones sociales. O sea que la dialéctica sirve para pensar conceptos con los que explicar procesos o relaciones que tienen ciertas características (movimientos contradictorios, procesos que se tornan independientes de sus actores por la dinámica de sus relaciones constitutivas, diferencias entre una categoría "simple" y concreta, etc.) como los de las relaciones predominantes en el capitalismo, en el caso de Marx. Pero también podemos tomar en cuenta otros autores, como Piaget, Vigotski, Rolando García o Lewontin y Levins que utilizaron la dialéctica para desarrollar explicaciones científicas y elaborar conceptos. Aquí, asimismo, cabe señalar que esas son también formas específicas de comprender la dialéctica que no se reducen ni se identifican necesariamente con las "leyes" hegelianas, ni con una reproducción textual de los párrafos sobre el método escritos por Marx. Se puede pensar, entonces, que Sacristán marca bien los límites de la aproximación tradicional sobre El Método con mayúsculas y aporta complejidad para entender la concepción de ciencia en Marx, pero al mismo tiempo le baja un poco el precio a la dialéctica en términos de su productividad teórica. Por eso, se puede tomar su aporte como necesario pero también puede ser leído críticamente.